La defensora oficial Norma Bulacio tiene mucha bronca. No solo porque la asaltaron en la puerta de su casa sino porque el mismo día que ocurrió el ataque se había quedado hasta tarde en Tribunales para poder atender a cada uno de los 15 presos que llevó la Policía.
“Necesito que me pongan una consigna ya que todas las veces que estoy de turno me asaltan”, pidió Bulacio en su denuncia policial. Estaba molesta y también asustada. El jueves a la noche, cuando se produjo el asalto, la defensora regresaba del sanatorio donde está internada su nieta. Llegó en su auto a su casa, ubicada en calle Entre Ríos al 900, y bajó para abrir el portón del garaje. Cuando volvió a subir al vehículo para ingresar a la vivienda, dos ladrones se acercaron en una moto y uno de ellos se metió al vehículo para sacarle la cartera.
Los alaridos de la funcionaria judicial alarmaron a dos vecinos que estaban en la cuadra, quienes salieron en persecución de los asaltantes. Pero todo fue en vano: los delincuentes habían escapado con la cartera de Bulacio, donde tenía $ 1.000, además de otras pertenencias personales. La defensora sufría una crisis nerviosa cuando sus vecinos regresaron y le entregaron un teléfono celular que habían perdido los asaltantes mientras huían. Ese aparato quedó secuestrado y ayer se trataba de establecer a quién pertenecía. “Lo que no podemos saber es si era de ellos o también lo habían robado”, comentó la funcionaria judicial.
“Me da mucha bronca porque estuve hasta las tres de la tarde atendiendo acá en Tribunales. Fueron 15 presos los que recibí y después me pasa esto”, dijo Bulacio, indignada. No es la primera vez que la defensora penal sufre un robo. Por el contrario, ya había aparecido en LA GACETA el año pasado cuando llevó su auto para que lo lavaran en el acceso sur de la capital. En aquel entonces la funcionaria judicial había explicado que pretendía darles una mano a los jóvenes que se ganan la vida de esa manera, pero solo consiguió que le sacaran el celular.
10 años después
La casa de Bulacio está ubicada en la intersección de calle Entre Ríos y pasaje Tierra del Fuego, donde comienza Villa Alem. Al frente está la plaza Tercer Centenario, donde ayer se habían instalado dos policías. “Los vecinos estamos desprotegidos, la plaza vive desolada y la gente de Patrulla Urbana no controla como debería. No es posible que vivamos como vivimos”, protestó la defensora.
Bulacio recordó, en ese sentido, el caso de Sergio Aveldaño, quien vive frente a su casa. El joven tenía 1’8 años en 2006 cuando dos delincuentes que intentaban robarle la moto le pegaron un tiro en la cabeza y otro en el pecho. Aveldaño estuvo en grave estado durante un tiempo hasta que se recuperó y hoy trabaja en una Fiscalía Penal. “Mi familia y yo somos referentes barriales en temas de seguridad desde que me pasó esto”, le dijo el joven ayer a este diario.
La familia Aveldaño y sus vecinos comenzaron a organizarse para obtener protección. “Mi caso llegó a juicio, a los asaltantes los condenaron y ya están en libertad. Durante mucho tiempo nos amenazaron y hasta lesionaron a algunos vecinos nuestros”, contó Aveldaño, quien calificó a la zona donde vive como “la boca del lobo”. Según explicó, el lugar es el paso obligado para los habitantes de barrios aledaños, algunos de los cuales aprovechan la desolación de la plaza Tercer Centenario para hacer de las suyas.
“Lo que se ve mayormente son motoarrebatos y compra-venta de drogas, además de los menores que las consumen”, explicó el empleado judicial. Respecto a la presencia de policías, indicó que están en la plaza durante el día pero pasadas las 23 se retiran del lugar hasta la mañana siguiente.
“Todas las noches escuchamos pasar patrulleros y ambulancias, no hay día que no pase nada”, remarcó. “Si observan las casas de la cuadra, todos los vecinos están reforzando la seguridad porque varios ya sufrieron asaltos y hay casas a las que ingresaron ladrones”, agregó Aveldaño. Sus comentarios fueron respaldados por otros vecinos, quienes reconocieron que viven preocupados y con miedo de salir a la calle.